En la vorágine del mundo en el que vivimos, es fácil caer en el error de no detenerse a pensar sobre qué estamos haciendo, por qué lo estamos haciendo y qué efecto tiene en la sociedad. Y no son preguntas triviales ni en sus respuestas ni en los múltiples niveles de respuesta posibles. Porque, más allá de las respuestas obvias que podemos proporcionar quienes nos dedicamos a la música (o, al menos, lo intentamos), hay todo un universo de preguntas y respuestas sobre cómo influimos en la sociedad y, mucho más importante, sobre cómo somos realmente. Somos lo que hacemos, pero también, sobre todo, por qué lo hacemos. De modo que, al final, reflexionar sobre el qué y el porqué es una forma mucho más humana y social de aprender sobre nosotros mismos. Aprender a mirarse es un camino lleno de sorpresas; no siempre son agradables, pero siempre -llamémoslo así- autodidácticas.
Al hablar de cómo somos, solemos decir que nuestras letras tienen una «temática transformadora, sugerentes, comprometidas e inteligentes», que tenemos una «visión subversiva de la realidad, tanto crítica como cariñosa» que «se completa un marco que consigue crear atmósferas ricas y coherentes, capaces de cautivar a oídos, sensibilidades y personas muy distintas».
Conviene pararse a pensar en lo que uno dice de sí mismo. En nuestra opinión, hay muchos valores en este texto, al menos, en teoría:
- La transformación y el compromiso social.
- Una intención sugerente.
- Una visión subversiva crítica.
- Una visión cariñosa.
- Intención de cautivar sensibilidades.
- Apertura a personas muy distintas
Todos esos valores son extraordinariamente necesarios en nuestra sociedad. La intención transformadora y crítica es una forma de compromiso social que puede tomar diferentes formas, pero que debe estar en la base de nuestro comportamiento: cambiar, a partir de una visión sincera, lo que no está bien. A veces, este compromiso se encuentra en el fondo de nuestras intenciones, y no es claramente visible. Pero tenerlo siempre presente permite que su esencia viaje embebida en las acciones que llevamos a cabo, en el aire de nuestras producciones, en la forma en la que tocamos en público, en los conceptos que nos vienen a la cabeza cuando escribimos una letra o una melodía. Es una actitud ante la sociedad.

Una intención sugerente es ir un paso más allá de lo que pretendemos hacer: es un intento de penetrar en la mente, en el espíritu de quienes nos escuchan, nos siguen o van a nuestros conciertos no ya para intentar transmitirle estos valores, sino para estimularles a reflexionar (con sus propios criterios, con su propia visión) sobre estos conceptos y sobre esta forma crítica de estar en la sociedad. De esta forma, formamos una especie de equipo que une nuestros espíritus en torno a la música, pero con un fin social y netamente constructivo.
Sin embargo, también hay que ser crítico; es muy fácil caer en la condescendencia. La fuerza que mueve la transformación proviene de la capacidad de observar de forma honesta lo que somos y conseguir combinar esa observación honesta con un rumbo ya establecido para generar un cambio. El primer, cambio, nosotros mismos, porque no puede trasformar nada algo que no puede transformarse a sí mismo. Nuestras letras nos hacen pensar a nosotros mismos en el proceso compositivo. Y es precisamente esa fuerza la que se manifiesta y se comunica al público porque es real y sincera.

Una visión cariñosa es quizás uno de los conceptos más necesarios hoy día. No sólo no está reñido con la actitud de compromiso crítico, sino que la complementa y la equilibra. Si nos paramos a observar, estamos rodeados de noticias negativas. La sensación que se acumula a nuestro alrededor es de que todo va a peor, que la Humanidad es una especie de peste que todo lo devora. Podríamos decir que parte de esta sensación proviene del concepto que los medios de comunicación de masas tienen de la «información» o de la «noticia»: algo sorprendente por lo negativo. Pero pongamos también -críticamente- el foco en quienes consumimos esta información. No hay más que echar un vistazo a las redes sociales a Twitter para encontrar la ira, la negatividad, la radicalidad, los mensajes populistas, el maquiavélico «todo vale», la mentira y el odio como herramientas. Y no sólo se trata del qué, sino del cómo: es perfectamente posible -creemos que lo hacemos bien- adoptar una actitud crítica, pero no violenta ni malintencionada, sino cariñosa. Este punto de crítica cariñosa es quizás nuestra contribución a la sociedad de la que más orgullosos nos sentimos.

Nuestra intención es cautivar sensibilidades, sí. Enlazando con la idea de la crítica cariñosa, no buscamos al seguidor fiel porque sí, sino a quien conecta realmente a través de su sensibilidad con nosotros, nuestras ideas, nuestras propuestas y, sobre todo, con nuestras formas. Esa sensibilidad que respetamos, que tocamos suavemente, que no desgarramos con mensajes que consigan unos cuantos clics de desesperación, sino que fomentan una actitud de caminar juntos de forma tranquila para hacer un mundo mejor. Quizás no es la visión más habitual de la subversión. Puede que tampoco sea la más eficaz, pero sí es la más honesta. Y, desde luego, es la nuestra. Y eso nos importa.
Nos abrimos a personas muy distintas. En todas partes -quizás en un rincón de cada persona- hay un ser humano con el queremos contactar, a quien queremos invitar, con quien deseamos sentirnos unidos. Y lo hacemos sin sectarismo. No hace falta que seas de aquí o de allá; simplemente, debes ser sensible como nosotros y estar dispuesto a mirar el mundo con una perspectiva humana, consciente, abrumadoramente transformadora a través del cariño y la crítica. Os queremos a todos los que queráis hacer ese camino con nosotros. A todos.
Así que no: no se trata sólo de hacer un producto que nos dé de comer o de satisfacer la necesidad de expresarnos artísticamente. La apariencia -y la necesidad- puede ser esa, pero importan los porqués y los cómos. A nosotros, desde luego. Quizás, al leer esto, te hagas una idea más clara de quiénes somos. Escribir este post no tenía más intención que esa. Si lo hemos conseguido, quizás te apetezca subirte al carro y seguir juntos. Seguro que no será «porque sí».